Cuando nos planteamos apuntar a nuestros hijos a clases de chino para niños en Madrid nos surgen un montón de dudas, acerca de cuál es la escuela a la que deberíamos llevarles, la cercanía, si contratar un profesor particular o es mejor que acudan a una academia.

Cual es la metodología más adecuada, como les podremos ayudar con los deberes si no hablamos chino, cuales son los precios y quizás olvidamos una de las partes más importantes del aprendizaje, la relación entre el profesor y el alumno.

El chino se ha convertido poco a poco en uno de los idiomas más importantes a nivel mundial, tanto por la cantidad de población que lo habla como por el turismo o los negocios. A día de hoy no encontraremos a nadie que no sea consciente de que china es una superpotencia mundial económica.

Por ello cada vez más padres deciden apuntar a sus hijos a temprana edad a una escuela, o contratar un profesor particular para que sus hijos, además de otros idiomas que dan en las clases de su escuela sepan manejarse en un futuro.

Uno de los más importantes aspectos, y que muchos de nosotros nos olvidamos en el cajón de la mesilla de noche es la interrelación que se establece entre el alumnado y el profesor.

¿Por qué es importante elegir un buen profesor?

No nos referimos al CV que tenga el maestro, si es nativo o cuantos masters en educación pueda tener. Hablamos de apegos, de la capacidad de este de transmitir su conocimiento a los niños, de captar sus necesidades en cualquier momento y de dar una respuesta satisfactoria.

¿Quién no se acuerda de aquel profesor de la escuela que se sentaba en clase y directamente leía y leía un libro?, ¿o de aquel otro que solamente nos dictaba apuntes, o que se perdía en un millar de explicaciones?

Seguramente fueran genios en su materia, pero  no eran capaces de “conectar” con nosotros y transmitirnos de forma eficiente todos sus conocimientos. ¿Que terminaba pasando? Nos aprendíamos la lección de memoria, no entendíamos y nos demotivabamos con la asignatura.

Partiendo dela base de que el chino es un idioma muy difícil, el cual no se parece en lo más mínimo al Español tendremos que saber que el profesor que elijamos sea lo bastante bueno para captar toda la atención del niño y enseñarle de forma correcta.

¿En qué detalles nos tendremos que fijar?

Que tenga habilidades y técnicas adecuadas a cada nivel y a cada edad, no es lo  mismo captar la atención de un niño de cuatro años que de uno de quince. Las clases deberán estar orientadas a su nivel, por lo tanto en los más pequeños tendremos que ver juegos, canciones, muchas ilustraciones…

Que sea capaz de intuir las necesidades del niño. Todos somos humanos, y nuestros hijos más, después de pasar horas y horas en un colegio, corretear por la casa, ir a cualquier otra actividad extraescolar los niños suelen estar agotados.

Es muy común que haya días en los que su atención no pueda centrarse, sean más lentos o no les apetezca pensar. Un buen profesor sabrá adaptar su lección a las capacidades físicas y emocionales de cada niño a diario, así,si lo ve cansado podrán hacer tareas más livianas, juegos, pasatiempos, etc.

Tendrá que tener mucha constancia y paciencia, como hemos dicho estamos hablando de niños, los cuales lo único que piensan es en salir corriendo a jugar. Para que aprender no se convierta en una pesada carga o en una obligación deberemos ver que el profesor sepa salir airoso de situaciones en las que tenga que repetir una y otra vez un contenido, cambiar la forma de explicación o ponerles todos los ejemplos necesarios.

Por último y no menos importante, que sepa conectar con los niños. Un profesor al que sus alumnos admiran y respetan será un profesor al que atiendan y se preocupen por aprender todo lo que les cuente.

Cuando se establece una relación de apego entre alumno y profesor todo se vuelve más sencillo, los niños son capaces de interactuar diciendo que es lo que no entienden en cada momento, pedir que se les repita algo o hacerse curiosos.

Por ellos es muy importante que antes de contratar clases de chino para niños en Madrid nos aseguremos además que el profesor que vaya a enseñarles tenga todas estas capacidades. Nos estaremos asegurando de que nuestro hijo no solamente va una o dos horas a clase de chino sino que aprende de verdad, divirtiéndose y motivandose.