Genia Global Energy propone plantas de biogás para autoconsumo gracias a la fermentación controlada de la biomasa que puede emplearse en la producción de energía eléctrica y/o térmica. Y si la producción de gas supera las necesidades energéticas propias de autoconsumo, es posible inyectarlo a la red de distribución una vez refinado, obteniendo ingresos con ello. Consiguiendo así hackear la factura energética, como cuentan en la nota del periódico ABC que dejamos arriba el enlace.

Desde Genia Global afirman que cualquier explotación mediana puede emplear estas plantas de small biogás, ya que no ocupan mucho espacio y puede emplear estiércol, purines, restos de frutas y hortalizas, cerveza, aceites, lácteos, almidones, procesados y desperdicios de pescado carne, bioetanol, biodiésel y lodos de depuradoras industriales.

 

¿Para qué se puede usar el biogás obtenido en una granja o industria?

El biogás obtenido en el proceso de biodigestión anaerobia de materia orgánica está compuesto de entre un 50% a un 75% de gas metano (en función del sustrato utilizado), Además se produce CO2 y en torno a un 5% de otros gases, entre ellos ácido sulfhídrico. Como este gas es corrosivo y podría causar daños en tuberías y en el motor de combustión, el biogás obtenido se somete siempre aun proceso de secado en el que se elimina el agua y los compuestos solubles, entre ellos el sulfhídrico. Existen varios métodos para ello y en cada caso debe determinarse el más adecuado.

 

El biogás que se obtiene puede tener varios usos:

La producción de calor. Mediante una caldera el gas produce agua caliente para aquellos procesos en los que es necesario, como ocurre en la industria alimentaria. Esta solución es la que mejor tolera la presencia de ácido sulfhídrico en el gas. Una aplicación de este tipo es la planta de biogás diseñada por Genia Global Energy para la compañía azucarera Astarta en Ucrania, que consigue producir el 75% de las necesidades térmicas del proceso de producción de la planta a partir de la pulpa de remolacha utilizada para la producción de azúcar.

 

La producción combinada de calor y electricidad.

En este caso la combustión se produce en un motor CHP (combined heat and power). Aquí es conveniente realizar el proceso de secado del gas para proteger los motores. Durante el secado, el biogás es enfriado, generalmente mediante un refrigerador, en intercambiadores de calor y el agua condensada se separa del gas, llevando consigo el amoniaco. El gas resultante mueve una turbina que produce electricidad con bajas emisiones. Como el CO2 que se produce en la combustión tiene un efecto invernadero 21 veces menor que el metano (que se produce en la descomposición natural de la materia orgánica), esta energía, además de renovable es beneficiosa para el medio ambiente.

Este uso del biogás es el más recomendado para la mayoría de industrias alimentarias y granjas, pues asegura energía eléctrica y térmica disponible cuando se necesita, sin depender de las condiciones de viento o insolación como en otras energías renovables.