En un país muy lejano donde Vivian las plantas y las flores, los rosales no tenían flores, solo hojas y púas, eran los soldados del reino. Y el Rey de las plantas era el Magnolio y la Reina era la Dama de Noche. Los reyes estuvieron muchos años sin tener descendencia y miraban al Cielo, esperando recibir a su primer vástago, después de mucho pedir, al cabo del tiempo la Reina pensó que jamás podrían tener hijos. No obstante no perdió la esperanza. Un día el rosal mayor de la corte se acercó al Rey para informales de las novedades, y le comunicó que en la cascada que caía de las montañas, que regaba al país con un río de chocolate, crecía desde hacía años unas orquídeas salvajes que sabía el secreto de la floración, y que si se acercaban a ellas con un presente le podrían revelar el secreto.

El rey Magnolio fue con un séquito y regalos a presentarse ante la tribu salvaje de orquídeas, y le expuso su problema, la orquídea mayor le dijo que sus hijos los tenían al alcance de la mano, pero que tendrían que prescindir  de su ejército de rosales.

El Rey al principio no quiso escuchar, pero el general de los rosales, le dijo que estaban dispuestos a sacrificarse por su Rey, y el Rey por su amor eterno que tenía a su esposa la Dama de noche, accedió a escuchar a la orquídea.

Y la orquídea le reveló el gran secreto, tendría que crear afluentes que llegarán al palacio y que regarán con chocolate los jardines donde crecían los rosales.

Al punto se pusieron a trabajar en el afluente los romeros, las lavandas, las madre selvas, las amapolas y los lirios, hasta que al fin, el afluente llego al palacio real.

Al día siguiente sucedió algo maravilloso, los rosales empezaron a dar flores de todo tipo de colores, rosas rojas, amarillas, azules, naranjas, verdes, malvas y negras, llenando de colorido el corazón de la dama de noche, pero a cambio los rosales perdieron sus armas las púas afiladas que tenían para defender el reino.

El rey en agradecimiento a su ejército, escogió una rosa, la más bella del jardín y la protegió en un fanal de cristal, convirtiéndola en la rosa eterna. Y así se conserva sin perder su belleza y frescura natural hasta el día de hoy.