Ya nos es común que los gobiernos aprueben reformas laborales con el objetivo de flexibilizar el mercado de trabajo. El problema es que el término “flexibilizar el mercado de trabajo” se utiliza como eufemismo de “abaratar el despido”.

 

Cuando se habla de “flexibilidad” se refiere a “capacidad de adaptación”. Si nos referimos a la flexibilidad de la empresa, estamos hablando de la capacidad de esta para ajustarse a las necesidades de los consumidores y adaptarse a los cambios del entorno. Si flexibilidad quiere decir capacidad de adaptación, el término flexibilidad laboral tiene también unas claras connotaciones ideológicas, en este caso de carácter liberal.

 

Los liberales adoran los mercados y los consideran perfectos y eficientes por lo que flexibilizar el mercado de trabajo significa eliminar todas las rigideces que le impiden actuar como un mercado eficiente. Por consiguiente, flexibilizar el mercado de trabajo supondría una desregulación del mercado, eliminando las disposiciones y leyes que tienden a proteger al trabajador (indemnizaciones por despido, impedimentos para tramitar EREs, etc.).

 

La flexibilidad laboral, y su forma de implantación, puede adoptar distintas formas:

 

  1. Flexibilidad interna o funcional:se refiera a la capacidad de la empresa para adecuar las competencias de sus trabajadores a las exigencias de los consumidores y del mercado y a los cambios tecnológicos. Esto permite a la empresa reubicar rápidamente y sin fricciones a los trabajadores entre diferentes tareas y actividades.
  2. Flexibilidad externa o numérica:se refiere a la capacidad de la empresa para ajustar el número de horas de trabajo contratadas a las fluctuaciones de la demanda o de empleados. Una empresa puede aplicar flexibilidad numérica si el número de trabajadores disponibles se corresponde con el número de trabajadores necesarios en cada momento.
  3. Flexibilidad financiera:se refiere a la capacidad de la empresa para establecer una estructura salarial de acuerdo a los resultados obtenidos y el desempeño efectivo de los trabajadores.

Para cerrar el tema de la flexibilidad laboral hay que abordar el concepto de la flexiseguridad, un concepto del que se habla mucho y que se ha implantado en Dinamarca con éxito, razón por la cual las autoridades europeas lo han tomado como referencia para orientar su política de empleo. Los siguientes rasgos identifican la flexiseguridad:

 

  • Un sistema de solidaridad reflejado en generosas prestaciones de desempleo. O dicho de otra forma, un uso muy intenso de las políticas pasivas de empleo para proteger a los trabajadores.
  • Un mercado de trabajo dotado de gran flexibilidad numérica lo que facilita una gran movilidad de los trabajadores entre puestos de trabajo y entre el desempleo y el empleo.
  • Una actuación orientada a apoyar la transición de los trabajadores a actividades diferentes a través de importantes programas de reciclaje profesional y formación. Es decir, un uso muy intenso de las políticas activas de empleo con el objetivo de ayudar a la recualificación profesional de los trabajadores.

 

En conclusión, la idea central del concepto de flexiseguridad es que la seguridad y la flexibilidad pueden ser complementarias en lugar de contrapuestas. Por supuesto, como el resto de modalidades de flexibilidad, tiene costes para el trabajador pero, por lo menos, muestra una alternativa al simple uso de la flexibilidad numérica, en el que tanto se basan las peticiones de las organizaciones empresariales cuando dirigen sus demandas al Gobierno.