2233444281_9ae385ec3d_z

A lo largo de mis viajes, en cada país que he visitado me he encontrado con alguna curiosidad que me ha sorprendido enormemente. Vamos con alguna de ellas:

  • En Bélgica me sorprendió la facilidad que tienen para andar en bicicleta por calles empedradas. Hasta mujeres de cerca de los 80 años los ves con bicis de paseo con las ruedas finas a todo meter y con la bici dando botes. Así que no es de sorprender que luego en las carreras en el pavés la mayoría de veces ganen belgas (o Cancellara)
  • En Inglaterra, no es una sorpresa viendo las juergas que se pegan cuando vienen a los Benidorm, Lloret de Mar, Magaluf, etc, pero es sorprendente lo que llegan a beber. Cualquier día entre semana veías a los ingleses acudiendo al pub a echarse varias pintas, y ya los fines de semana para verlo. No había fin de semana que saldría de noche y no me encontrara alguna bronca.
  • En Italia, en Milán, me sorprendió para ser una ciudad menos turística de lo que parece, ver la cantidad de buscavidas que hay alrededor del Duomo. En ciudades de países más pobres es lo habitual, pero en Milan ciertamente me sorprendió.
  • En Irlanda… Irlanda es el reino de las curiosidades y leyendas, así que te sorprendes por todo. Pero si algo me sorprendió es la superstición de los estudiantes de Trinity College con su campana. Según ellos si pasas por debajo nunca te vas a graduar, y ninguno pasa por debajo hasta que se van a sacar la foto de graduación.
  • En Tailandia es sorprendente la veneración que tienen por la monarquía, hasta el punto de que pisar una moneda o billete es considerado un delito porque en ellos está la efigie del rey. Hasta tal punto que puedes acabar en la cárcel.
  • Y por ultimo en Marruecos sorprende lo avanzada de la sociedad para los estándares que tenemos, o más bien la cantidad de prejuicios que tenemos. Si ya cuando fui hace 2 años la gente tenía prejuicios hacia los musulmanes, ahora con el tema del Daesh más. Pues bien, en Marrakech nos encontramos con mujeres sin velo ni nada, hombres que les daba igual beberse una cerveza, y una sociedad muy tolerante. Eso sí, en pueblos pequeños el machismo sigue ahí. Cenando en un pueblo pequeño a las 9 de la noche no quedaba ni una sola mujer en la calle.